15 dic. 2011

EGIPCIA

Se conocieron en una tarde lluviosa, como otras muchas tardes del mes de Abril, cuando el sol parece que no se atreve a despertar del largo letargo hivernal.
Los paraguas se convertían en esos momentos en los protagonistas y lánguidos transeúntes de la calle, sostenidos por blancas y mojadas manos que se cruzaban entre luces rojas y verdes de neón.
La lluvia arreciaba, lo que parecía una llovizna de primavera se estaba convirtiendo en tormenta impetuosa, con lo que Carlos empezó a correr, sorteando charcos y charcos hasta que entró en el primer portal que encontró abierto.
Después de secarse el agua que le resbalaba por el rostro y abrir los ojos, la imagen que apareció ante él parecía la estampa del interior de una pirámide de Egipto.....paredes ocres, faltas de adornos y cuadros... tan sólo una estantería con libros viejos y polvorientos de entre los cuales pudo ver una lámina que dejaba entrever: EGIPCIA.
Por un momento se quedó pensando en la casualidad en la que estaba inmerso en ese momento: un egiptólogo en un habitáculo urbano parecido a una cámara faraónica de una pirámide; mientras observaba el detalle de la estancia, apareció, como por arte de magia, una silueta esbelta, difuminada por la sombra que producía la tenue luz de la habitación.
Cuando fijó la mirada sobre ella, descubrió el más bello e intrigante rostro que nunca había visto: Ojos negros delimitados por una fina línea negra con forma de cola de golondrina, que además de realzar la belleza de la mirada, la protegía. Los párpados verde pradera y el pelo negro azabache completaban una perfección silenciosa que acompañaba a unos labios sangre.
A la pregunta de: ¿Quién eres?, siguió la respuesta: Isis.
En ese momento, Carlos notó una punzada intensa en la pierna, a la que le siguió una sudoración fría que le recorrió todo el cuerpo. Isis se acercó a su rostro y, levantando la mano, le aproximó una cruz dorada al tiempo que le susurraba: Este es tu Ankh.
El último aliento de vida de Carlos llegó con el beso suave y húmedo de Isis, al tiempo que un escorpión salía de la estancia.


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